El último lugar seguro

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Estados Unidos está en medio de un caos político y partidista interno. China está peleando contra su propio estancamiento económico y a punto de entrar en una guerra de trading contra EEUU. Rusia está armando poco a poco una nueva Guerra Fría contra occidente, mientras Corea del Norte e Irán amenazan con un nuevo desastre nuclear en la tierra.

En medio de todo este desastre, ¿queda algún lugar seguro en el mundo, donde los inversores puedan estar a salvo?

La respuesta es SÍ. En Europa.

Mis estimaciones indican que el euro va a subir de 1,17 dólares a 1,25 dólares, e incluso más en los próximos meses.

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Una foto en París durante mi última visita. La mayoría de los inversores en países occidentales obtienen sus noticias europeas de fuentes británicas como The Economist o The Financial Times. Estos medios tienen agendas para desprestigiar al Euro y entregan una versión distorsionada del euro. Por eso, para conocer el estado real de la economía europea, es crucial informarse en medios alternativos o locales de cada país, y así quitarse la venda que Londres nos pone a todos en los ojos.

Tanto Estados Unidos como Reino Unido han bombardeado a los inversores con malas noticias sobre el euro y la Unión Europea desde 2009. Esta tendencia comenzó después de la crisis de 2007-2008.

Uno de sus primeros “malos augurios” fue la bancarrota del Fondo casi-soberano DubaiWorld en noviembre de 2009. Mientras el mundo aún estaba levantando cabeza tras el drama Subprime de los últimos meses, el mercado financiero volvía a caer por causa de este cisne negro del medio oriente.

El contagio de desconfianza se propagó rápidamente desde Dubai a Europa. Se disparó una crisis de Liquidez. La periferia europea, poseedora de bonos del tesoro norteamericano -Grecia, Italia, Irlanda, Portugal y España- conocidos como GIIPS, fueron cuestionados económicamente. Se puso en marcha un plan urgente de salvamento para todos esos países.

Este salvavidas consistió en que el Banco Central Europeo imprimiera dinero, préstamos del Fondo Monetario Internacional con base en Bruselas y liderado por Alemania en ese entonces, y garantías de repartición de deuda por parte de la Unión Europea.

A este “triángulo salvavidas” del BCE, FMI y EU se le conoció como “La Troika”, y fueron los principales responsables de una serie de salvamentos económicos entre 2010 y 2015.

En este punto aún temprano de la crisis, los críticos del euro salieron de sus cuevas. Liderados por el Premio Nobel de Economía Paul Krugman y su eterno aliado Joseph Stiglitz –anti EU confesos desde el primer día- se encargaron de gritar a los cuatro vientos y en todos los medios que el euro estaba condenado a muerte.

Su argumento era que los GIIPS debían salir de la zona Euro, volver a sus divisas originales, como la Lira italiana y el Drachma griego, devaluar sus costes laborales y hacer crecer sus economías con medidas de emergencia, como mano de obra barata, exportaciones a bajo coste e inflación importada.

Según el análisis de Krugman y sus secuaces, La Unión Europea, al igual que el Imperio Romano hace siglos, debía dividirse en una ‘Zona Norte’ que agrupara a las economías más fuertes como Alemania, Holanda y Francia, y una ‘Zona Sur’, formada por los GIIPS. De estos dos hemisferios, sólo el norte debía ser zona de divisa común, pero no de euro, sino de una nueva.

Es más. Stiglitz se atrevió a declarar en The Economist que el fracaso del euro estaba “garantizado” y que mientras antes se terminara ese “experimento”, mejor.

Como puedes imaginarte, absolutamente TODO estaba equivocado en esta predicción, y yo lo avisé en una serie de comunicaciones, entrevistas y videos entre 2010 y 2016.

Para comenzar, los críticos intelectuales del euro, muy tranquilos desde su olimpo de la sabiduría, cometieron el error clásico de las elites: no atendieron lo que los europeos comunes y corrientes, los que usaban el euro todos los días, pensaban y querían.

A pesar de algunas críticas sobre restricciones monetarias y acusaciones sobre demasiada “austeridad” por parte del Banco Central Europeo, las personas de los GIIPS no tenían ninguna intención de volver a sus divisas anteriores, y se encontraban satisfechos con el euro.

Sucedió que los ciudadanos recordaban que sus antiguas monedas locales estaban muy devaluadas en sus últimos días, y eran presa fácil de sus propios gobiernos, quienes manipulaban esta devaluación para robarles dinero y poder de compra a las personas.

El euro fue la primera divisa que la mayoría de ciudadanos europeos conocieron en toda su vida. Las encuestas así lo reflejaron: los ciudadanos de Grecia – el país más afectado por la crisis- y el resto de GIIPS apoyaban al euro, a pesar de sus críticas contra Bruselas y su manejo de éste.

El segundo punto que Krugman y su tropa no tuvo en cuenta es que la Unión Europea había pasado los últimos años arreglando los diversos vacíos y errores del euro, de manera lenta pero segura.

Originalmente, la Eurozona tenía una política monetaria común, administrada a través del Banco Central Europeo, con sede en Bruselas. Pero no existía una política fiscal unificada.

Esto trajo abusos fiscales. Países como Grecia o Portugal presentaban déficits presupuestarios con dinero prestado a muy bajas tasas y en euros. Eventualmente, cuando no pudieron pagar estas deudas, se produjo el estallido de esta “mini burbuja” que llevó a la crisis de la deuda soberana europea entre 2010 y 2015.

Para los intelectuales anti-euro, la solución era disolver la Eurozona y olvidarse de que alguna vez existió. Pero para los líderes políticos de Europa, la solución siempre fue avanzar hacia mejorar el euro por medio de una política fiscal en común que acompañara la política monetaria unificada. Eso es lo que Angela Merkel quería decir cuando repetía “Necesitamos más Europa” en cada reunión del G-20.

Como ya hemos conversado aquí, la Unión Europea siempre ha sido un proyecto político, más allá de sus raíces económicas. Y para entenderlo claramente, vale con revisar un poco su historia.

Europa es la región que más guerras ha sufrido en la historia del mundo, desde las Cruzadas hasta las dos Guerras Mundiales, incluyendo el Holocausto. Por este motivo, para 1945, cuando el Tercer Reich fue derrocado, Europa estaba absolutamente devastada de conflictos armados, totalmente destruida, empobrecida y desmoralizada.

El proyecto de una Europa unificada nació como un proyecto político y diplomático para que nunca más hubiese conflictos armados en la región. Después de 400 años de armas, Europa finalmente entendió que era mucho más fuerte unida.

Finalmente, lo que los economistas anti-UE nunca comprendieron es que, mientras ese sueño y esa voluntad política e histórica persista, y el recuerdo de todos esos conflictos horribles se mantenga fresco, la Unión Europea y el euro nunca serán destruidos.

Ahora bien, esto no quiere decir que el euro sea perfecto y no haya experimentado gran inestabilidad en los últimos años. Esta volatilidad se ha notado principalmente en su relación con el dólar, como puedes ver en el siguiente gráfico:

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Finalmente, lo más importante, es que los dos Bancos Centrales que dominan la economía mundial, como la Fed y el BCE, están listos para coordinar los movimientos de sus divisas de nuevo. Por séptima vez desde 2008, estas dos entidades están listas para orquestar un movimiento del 20% o más en la tasa de cambio EUR/USD. Esta vez, la movida será en favor del euro, al igual que en 2009 y 2011.

Esto se enmarca en la política monetaria de contracción que la Fed ha adoptado desde su proceso de tapering –reducción programada de compra de bonos- que comenzó en mayo de 2013.

El problema para la Fed es que han contraído demasiado su política hacia la debilidad económica, y han estado a punto de dejar la economía de EEUU en recesión. La Fed va a “pausar” las subas de tasas y reevaluar modificaciones futuras, lo que va a debilitar el dólar.

Al mismo tiempo, el BCE está emergiendo después de un período de calma, y está comenzando una etapa de contracción. En este sentido, Europa está casi 4 años atrasado respecto a la FED, y comenzará su proceso de “tapering” en septiembre de este año.

Cuando termine este proceso a mediados de 2018, el BCE también comenzará a subir las tasas de interés, y eso fortalecerá al euro por sobre el dólar.

En una guerra de divisas, la combinación de un dólar más libre y un euro más contraído va a disparar la tasa de cambio EUR/USD.

Este movimiento será decisivo para entender el panorama económico mundial de los próximos 5 años, y su correcta implementación determinará si llegaremos al 2022 con certezas financieras, o si, por el contrario, la volatilidad se apoderará también del euro y el dólar le contagiará su locura.

De producirse ese escenario, Europa entraría en el caótico mundo que la rodea, y el último lugar seguro para los inversores desaparecería para siempre.

Ha sido un placer,

Jim Rickards

Para El Inversor Diario

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Acerca del Autor

Jim Rickards

Jim Rickards acumula más de 35 años de experiencia trabajando en banca de inversión en Wall Street. Sus libros “Currency Wars” y “The Death of Money” han copado las listas de los más vendidos del New York Times y actualmente es el editor de Strategic Intelligence, un newsletter sobre finanzas líder en Estados Unidos.