El gran problema europeo

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Tras décadas de gasto público excesivo, cada vez más voces se están alzando en el seno de la Unión Europea para pedir una reducción del intervencionismo estatal en la economía.

 ¿Se imagina una empresa con un absentismo laboral del 95 por ciento? ¿Una empresa en la que 19 de cada 20 empleados, como se dice vulgarmente, “hace pellas”?

Siguiendo con este ejercicio de imaginación, suponga que el sueldo medio en esta empresa es de 7.957 euros al mes. Más de cuatro veces el salario medio de un trabajador español.

¿No se imagina de qué empresa le estoy hablando?

Le daré una pista: la está manteniendo usted con sus impuestos.

¿Aún no? ¿En serio?

De acuerdo, ahí va: el Parlamento Europeo.

El pasado martes, en una sesión en la que se hacía balance de los seis meses de presidencia de Malta de la Unión Europea, apenas una treintena de los 750 parlamentarios se dignaron a asistir a esta sesión.

Es difícil no caer en lo vulgar para describir la desvergüenza de unos sujetos, representantes en teoría de la ciudadanía europea, que cada mes se embolsan casi 8.000 euros de media cortesía de contribuyentes como usted y yo y, ni si quiera con estos privilegios, se dignan ni a cumplir las funciones más elementales de su cargo.

Lo que esta anécdota refleja es el descontrol que gobierna (o mejor dicho, desgobierna) las instituciones públicas, a nivel europeo y a nivel nacional. De Helsinki a Madrid, de Dublín a Nicosia, la colosal dimensión de un sector público profundamente burocrático e improductivo representa el mayor problema de la Unión Europea.

El descontrol de lo público lo vemos en aspectos pequeños, como la escasísima asistencia a los parlamentos, y en asuntos más grandes, como en los millonarios rescates a bancos y a autopistas.

La actitud a menudo negligente de los gobernantes europeos pone de relieve un hecho preocupante: el tamaño del sector público en la Unión Europea es a todas luces excesivo.

De todo el Producto Interior Bruto europeo, un 46,6 por ciento corresponde al sector público. Esto sitúa a la Unión Europea a la cabeza mundial en gasto público. En Estados Unidos, por el contrario, este porcentaje se reduce al 34 por ciento y en la ultrapróspera Suiza no andan muy lejos tampoco, con un 32,6 por ciento del PIB.

Sin embargo, algunos ciudadanos europeos parecen estar despertando de su letargo y están eligiendo gobiernos que pongan fin a la tiranía del sector público. El cambio, como en 1789, viene del otro lado de los Pirineos.

 Se acabó la fiesta en Francia… pero no en España

Tras varias semanas de agradables declaraciones y buenas intenciones, el Gobierno de Emmanuel Macron se ha arremangado y se ha puesto manos a la obra para arreglar el desaguisado que décadas de descontrol del sector público francés han dejado.

En un discurso frente a la Asamblea Nacional, el primer ministro galo Édouard Philippe llamó a “desintoxicar a Francia de la adicción al gasto público”.

Ya en su programa electoral, Macron se comprometió a reducir en 120.000 el número de funcionarios; el fuerte respaldo que recibió En Marche! en las pasadas elecciones legislativas, en las que obtuvo 350 de los 577 diputados de la Asamblea Nacional, ha acelerado los planes de Macron de reducir el colosal tamaño del sector público francés.

Así, para los próximos años el gobierno francés reducirá el gasto público en 75.000 millones de euros, tres puntos porcentuales sobre el Producto Interior Bruto galo, marcando la que debería ser la tónica para el resto de la Unión Europea.

Mientras en Francia ya se están adoptando medidas para reducir el tamaño del sector público, el debate en España consiste en cuánto subir el techo de gasto público –ningún partido político propone reducir el gasto público-.

Frente a la percepción generalizada de que el gasto público es hoy en España inferior al que había antes de la crisis, las estadísticas muestran una realidad profundamente diferente.

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Si se fija en el gráfico anterior, en la actualidad el gasto público en España es de 53.000 millones de euros, a muy poca distancia del máximo alcanzado durante el gobierno de Zapatero.

Lo que las cifras demuestran es que los famosos “recortes” solo son un mito; en la actualidad, el gasto público en España es históricamente alto y, con la connivencia de todos los partidos políticos representados en las instituciones, este gasto seguirá creciendo sin cesar en los años venideros.

Prueba de ello es que la semana pasada se conoció que el Gobierno creará 28.250 plazas nuevas de funcionarios, la mayor convocatoria de empleo público desde el estallido de la crisis.

Resulta comprensible que en lo único en que se pongan de acuerdo absolutamente todos los partidos políticos en España es en aumentar el gasto público: es su fiesta y, además, la paga usted.

 Un cordial saludo,

Alberto Redondo

Editor

Inversor Global España

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Acerca del Autor

Alberto Redondo

Alberto Redondo es el editor de Inversor Global en España. En su blog podrás descubrir todo sobre la economía y las finanzas en España. Además recibirás consejos sobre cómo sortear la crisis y construir tu cartera de inversiones con éxito.

  • Gon Art

    Señor Redondo, estando de acuerdo con usted 100% en el fondo de su artículo, pero estando aún más a favor del rigor y la exactitud, precisamente para luchar sin descanso con los adoradores del gasto público, he de hacerle tres precisiones:
    1) La gráfica que usted usa está equivocada en las unidades. Evidentemente el gasto público total en España se mide en centenares de miles de millones de euros, no en decenas de miles de millones. Vamos que el gasto público en España, en todo caso será de 530000 millones de euros. 53000 millones es tan sólo un 5% (más o menos) del PIB español, lo cual no puede ser .
    2) Como en la misma gráfica que usted expone se aprecia claramente, estamos aún lejos del gasto público de la era de Zapatero. No vale decir “casi”, señor Redondo, caramba, es usted un analista. De 53000 a 57000 millones es aún un trecho. No trivialice usted los miles de millones tal y como hacen los estatalistas
    3) Caramba, señor Redondo, olvida usted el efecto de la inflación. desde los picos de gasto de Zapatero hasta la fecha (hace seis o siete años) la devaluación del euro en nuestro país ha sido de un 8,4% (INE), lo cual quiere decir que aunque nominalmente se alcanzasen las cifras de Zapatero, aún quedaría trecho en términos reales