Una supervisión desastrosa

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La quiebra de Banco Popular ha causado conmoción en la comunidad inversora, pero no será la última gran quiebra bancaria si los flagrantes fallos regulatorios no se solucionan.

Los temores de miles de accionistas del Banco Popular se hicieron realidad el miércoles por la mañana cuando un comunicado del Mecanismo Único de Resolución (MUR), órgano encargado de la supervisión bancaria de los bancos de la Zona Euro, anunciaron la venta del banco al Banco Santander por la simbólica cantidad de un euro.

Esta decisión se adoptó de urgencia ante la falta de liquidez del Banco Popular para llevar a cabo sus operaciones rutinarias con normalidad. Así, por primera vez se llevó a cabo la liquidación de una entidad bancaria a través del nuevo mecanismo bancario europeo.

Los mercados ya se habían anticipado a este dramático final. Desde mediados de 2014, el Banco Popular ha perdido el 95 por ciento de su valor en bolsa como podemos ver a continuación.

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La defenestración del Banco Popular es uno de los acontecimientos económicos más relevantes de los últimos años. No obstante, con la defunción del banco las incógnitas no quedan resueltas. Todo lo contrario.

Una pregunta surge con fuerza entre los accionistas del banco que han perdido miles de millones de euros: ¿cómo es posible que las pruebas de estrés que el Banco Central Europeo llevó a cabo el año pasado no fueran capaces de prever esta situación?

La quiebra del Popular, un banco que hace un año los reguladores catalogaron como seguro aún en las condiciones de mercado más adversas (que por supuesto no se han dado), es consecuencia de una negligencia masiva de los reguladores.

Otra más…

Esta quiebra, anticipada por los inversores bajistas que se han cebado con la acción durante los últimos meses y que han ganado miles de millones de euros a costa de 300.000 inversores particulares que lo han perdido todo, deja un mensaje muy claro: los test de estrés llevados a cabo por el BCE no sirven para nada.

Si en un entorno de estabilidad tanto económica como política como la actual, con la prima de riesgo totalmente controlada, el Banco Popular ha quebrado, ¿qué podemos esperar cuando vengan curvas? Curvas que tarde o temprano vendrán, como siempre ocurre.

La triste verdad, anticipada tras más de una década de negligencias regulatorias, es que los inversores no podemos fiarnos de las autoridades. Y esto tiene consecuencias catastróficas para el mercado bancario.

A corto plazo otra nueva víctima emerge; Liberbank ha perdido desde la compra del Popular un 40 por ciento. Pero a largo plazo, si este desastre regulatorio no se corrige, veremos más víctimas en el mercado.

Esto solo es el principio, uno más de los desastres de la banca, un sector en el que cientos de miles de españoles lo han perdido casi todo con preferentes, salidas a bolsa fraudulentas y, ahora, ventas de entidades por cantidades simbólicas.

 

Un claro ganador

Este desastre regulatorio deja miles de perdedores, pero un solo ganador: el banco que ha comprado por un mísero euro una entidad que hace apenas dos años estaba valorada en más de 15.000 millones de euros y que cuenta con 4,5 millones de clientes en España.

Aunque para absorber la adquisición del Banco Popular el Banco Santander tendrá que llevar a cabo una ampliación de capital de 7.000 millones de euros, el esfuerzo parece que merecerá la pena.

Esta adquisición corona al banco presidido por Ana Patricia Botín como el líder absoluto en el mercado español. Si como se espera, durante los próximos años los márgenes del sector bancario crezcan con la retirada de la política monetaria expansiva del Banco Central Europeo, a largo plazo la operación del Santander solo puede calificarse de brillante. Y así lo ha interpretado el mercado.

Desde que se anunciara la adquisición del Banco Popular por el Santander por la simbólica cantidad de un euro, las acciones del Banco Santander se han revalorizado un 3,75 por ciento.

A pesar de la necesidad de llevar a cabo una ampliación de capital que provocará una dilución del valor de las acciones actuales, el mercado ha dado su visto bueno a esta adquisición que otorga un sólido liderazgo al Santander en el mercado bancario español.

Otro interrogante que surge es si es casualidad que los fallos regulatorios siempre perjudiquen a los mismos (pequeños accionistas y contribuyentes) y beneficien a los que tienen una posición privilegiada en el mercado y en las instituciones.

Le corresponde a cada uno sacar sus propias conclusiones.

Un cordial saludo,

Alberto Redondo

Editor

Inversor Global España

 

 

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Acerca del Autor

Alberto Redondo

Alberto Redondo es el editor de Inversor Global en España. En su blog podrás descubrir todo sobre la economía y las finanzas en España. Además recibirás consejos sobre cómo sortear la crisis y construir tu cartera de inversiones con éxito.

  • Josep.

    Mucha legislación interventora que no protectora para no hacer nada, menos leyes y más actuar, solventar con cabeza lo del Popular hubiera ayudado, ahora bien ¿Si se lo queríais dar al Santander, haberlo dicho, pero de todos modos es la mejor solución, cuando interviene el Estado, tanto si como no ¡¡es peor¡¡.

    • Luscinda

      No es una quiebra, no es falta de regulación, no seamos ingénuos. Es un perfecto diseño del Santander desde que salió Ron, para quedarse con el Poppular por la cara El MUR, ha autorizado ese expolio a los 300 mil dueños de verdad del Popular. Un Robin Hood del revés : robarle a los pobres para dárselo a los ricos

      • Josep.

        Es un robo a los malos gestores/administradores y a los que les apoyan.

    • Luscinda

      ¿Como va a ser la mejor solución robarle a los pobres para dárselo a los ricos? Los auténticos dueños del Popular, no deben ser desposeidos de sus acciones. Ellos son los dueños. Nadie más. No seamos ingenuos.

  • Ricardo BLANCO GALEAN

    algunos apellidos vienen de motes…