Fracaso acelerado: 4 pasos para vencer al miedo y cambiar tu vida

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Hoy te voy a contar un principio fundamental para cumplir tus objetivos, con 4 pasos clave para que brilles en tu ámbito.

Durante mucho tiempo hablar en público me aterrorizaba y cuando me obligaban a hacerlo era terrible, lo cual profundizaba mi temor aún más. Era un círculo vicioso.

Cuando me convertí en director editorial de una empresa de newsletters en el sur de Florida en 1982, me encontré en una situación incómoda: tenía que realizar reuniones y presentaciones en ceremonias de la industria de manera regular, algo para lo que no estaba bien preparado.

Entonces, decidí inscribirme en un programa de Dale Carnegie sobre oratoria pública. No se cómo pero terminé inscribiéndome en el curso equivocado.

Y ese programa al que me inscribí por error, me cambió la vida.

Me enseñó la importancia de establecer objetivos y actuar y, en este caso, a estar más cómodo al momento de dar una charla. O sea que mis habilidades de oratoria mejoraron casi de manera accidental.

Cada semana, teníamos que leer un capítulo del clásico libro de Carnegie, How to Win Friends and Influence People (Cómo ganar amigos e influir sobre la personas) y luego realizar una presentación en clase de dos minutos sobre cómo íbamos a poner en práctica ese capítulo en nuestras vidas.

Los jueves por la noche, después del trabajo, conducía media hora hasta el lugar donde nos juntábamos.

Durante el trayecto, pensaba en lo que iba a decir. Era difícil al principio, pero se volvió más fácil cada semana. Al finalizar el curso de 14 semanas, había llegado a un nivel casi profesional. Había ganado varios premios en competencias y me calificaban constantemente  como el mejor de la clase.

La última sesión fue una especie de ceremonia de iniciación. Se permitió la presencia de amigos y familiares, lo cual hizo que la audiencia ante la cual teníamos que hablar se triplicara en tamaño. Yo di la última charla. Estaba un poco nervioso cuando subí al escenario, pero para ese entonces ya había aprendido mucho.

Entonces, respiré profundo e hice lo que sabía. Después recibí un fuerte aplauso, varias personas que ni conocía vinieron a felicitarme y una sugirió que me tenía que convertir en comediante.

No fui lo suficientemente tonto como para seguir su consejo, pero sí me hizo feliz pensar que había progresado mucho en poco tiempo, empezando de cero prácticamente.

 

Una habilidad que cambió mi vida

¿Cómo vencí mi miedo a hablar en público?

De la misma manera que vencí mis miedos a todo lo demás: humillación y humildad.

Una gran parte de nuestro temor viene de hacer el ridículo delante de otras personas. Cuando la vergüenza es extrema, la llamamos humillación.

Si te manchas la camisa en una comida elegante, sientes vergüenza. Si tu gran proyecto fracasa de manera miserable, y alardeas sobre que era “un éxito asegurado”, te sientes humillado.

La humillación ocurre cuando la vergüenza se mezcla con el orgullo. Cuanto más orgulloso eres, más duele.

Lo cual nos lleva a nuestra cura al miedo al fracaso: la humildad.

Soy culpable de tenerme amor propio. Estoy orgulloso de mi escritura, por ejemplo, y del éxito que he tenido en los negocios. Así que tengo que recordarme de manera constante que tengo que ser humilde sobre esas cosas.

Pero no me enorgullezco de todo lo que hago.

No estoy orgulloso de mis habilidades para bailar, cantar o hablar otros idiomas, porque todo eso me sale muy mal. Y dado que mi ego no está involucrado, no me da vergüenza hacer preguntas tontas, mostrarme como un principiante y, básicamente, fracasar una y otra vez en mis esfuerzos por dominar esas aptitudes.

La verdad es que, cuando empecé en los negocios, tampoco era muy bueno.

De nuevo, eso me permitió hacer muchas preguntas, parecer tonto y cometer errores… lo cual aceleró mi curva de aprendizaje.

Esa última observación nos lleva a un principio importante del éxito. Yo lo llamo “el secreto del fracaso acelerado”. Es un principio que desarrollé a principios de la década de los noventa.

El principio del fracaso acelerado es el siguiente: para desarrollar una habilidad compleja, tienes que estar dispuesto a cometer errores y superar fracasos. Cuanto más rápido cometas esos errores y sufras esos fracasos, más rápido vas a dominar esa habilidad.

En el Palm Beach Research Group, les enseñamos este secreto a nuestros gerentes y managers.

Los alentamos a permitirles a sus empleados fracasar. Por supuesto, no fracasar de manera estúpida: no se trata de cometer los mismos errores una y otra vez, sino a sentirse libres de fracasar en algo, siempre y cuando haya sido en búsqueda de un conocimiento.

Si juegas al golf o practicas jiujitsu brasilero, sabes que esto es verdad: si te tensionas y evitas cometer errores, aprendes muy lento. Si te relajas y dejas que ocurran los errores, avanzas con rapidez.

Todo está en ser humilde. Lo suficientemente humilde como para aceptar el hecho de que cuando empiezas algo nuevo, es probable que lo hagas mal al principio. Por eso digo que la humildad es el primer regalo de la naturaleza.

El orgullo no nos permite admitir que somos incompetentes, peros somos incompetentes cuando estamos aprendiendo.

Piensa en cómo aprenden a caminar los bebés. Empiezan gateando, luego realizan “avances en falso” (como los llama mi hermano), luego caminan como borrachos y, luego, caminan perfectamente.

A los bebés no les da vergüenza porque no son orgullosos.

Hay una razón por la cual el orgullo no invade la mente humana sino hasta los 6 o 7 años: simplemente, tenemos mucho por aprender.

Si los bebés fueran orgullosos, les llevaría años o, tal vez, décadas caminar y hablar de manera apropiada.

La humildad es una virtud muy subestimada. Nos brinda, por lo menos, dos ventajas significativas:

  1. Nos hace más adorables. A la gente humilde, en especial los individuos realizados que siguen siendo humildes, la quiere todo el mundo.
  2. Es más fácil obtener cooperación. La gente humilde obtiene más cooperación de otros porque no intenta obligar a la gente decidida a aceptar sus ideas. Ello nos permite hacer preguntas, cometer errores y experimentar fracasos sin avergonzarnos. Esto atrae a gente buena que quiere ayudar. La gente humilde obtiene los mejores profesores y lo mejor de ellos.

Si la humildad es la solución, ¿cómo se convierte una persona orgullosa en una persona humilde?

Ahora, nos estamos acercando a la parte más importante de este debate, un plan práctico para superar el miedo al fracaso.

Así es como lo puedes lograr:

  1. Empieza por aceptar la verdad. Eres una buena persona, pero ello no significa que seas naturalmente bueno en todo. Mírate en el espejo y piensa en la habilidad que quieres alcanzar.

Repite en voz alta, “Acepto el hecho de que soy incompetente en (nombra la habilidad)”, hasta que no duela.

  1. Admite tu incompetencia ante una audiencia indiferente. Una vez que puedas decirlo delante del espejo, dilo delante de una persona. Empieza por admitirlo delante de alguien a quien no le importe.

Dile a tu profesor de inglés que eres incompetente como orador. Dile a tu profesor de oratoria que eres malo hablando inglés. Repite esta experiencia hasta que puedas hacerlo con gracia y buen humor.

  1. Después, admite tu incompetencia ante una audiencia crítica. Dile a tu profesor de inglés que no eres bueno con los idiomas. Dile a tu profesor de baile que tienes dos pies izquierdos. No hagas esto solo una vez, sino cada vez que cometas un error o falles de cierta forma. Hazlo con gracia y buen humor. Como dicen los psicólogos, “incorpora” el sentimiento.
  2. Admite tu incompetencia ante alguien que te pueda castigar. Esa es la prueba máxima. La próxima vez que te ofrezcas para hacer una tarea difícil en el trabajo, dile a tu jefe que puede que fracases. Hazlo con gracia y humor y te sorprenderás con el resultado.

Tu jefe no te va a poner en aprietos (salvo que seas realmente incompetente). En vez de ello, te va a admirar por tu humildad. Después de todo sabe que no eres competente todavía. Todo lo que quiere es tu compromiso para seguir hasta que lo seas.

He descubierto que los ejecutivos más exitosos y productivos son aquellos que están cómodos de decir “voy a intentar esto y aquello. Tal vez, lo eche a perder, pero si tengo éxito… ¡piensa en las cosas buenas!

Vence tu miedo teniendo la intención de intentar y fracasar hasta lograr el éxito.

Así es cómo Edison inventó la bombilla. Así es cómo Michael Jordan se convirtió, de jugador de básquet mediocre en secundaria, en uno de los jugadores más grandes de todos los tiempos.

No tuvieron miedo a fracasar.

Tú tampoco lo tienes que tener.

Mark Ford.

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Acerca del Autor

Mark Ford

Columnista exclusivo de Inversor Global. Autor de más de 12 libros, es una de las personas que, sin educación formal sobre finanzas y desde abajo, supo hacer una fortuna.